Loedar

Allariz Orense

La Montaña

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Elena salió a caminar por la pradera, donde había una montaña que desde niña soñaba que algún día podría llegar subirla, y así estar entre el cielo y la tierra, y contemplar la hermosa naturaleza que la vida nos regala.
Admiraba todo a su alrededor en su paseo, encontró un camino que llevaba a la cima de la montaña, sin pensarlo más, se propuso subir lo más alto que sus fuerzas alcanzarán.
Después de unas horas de tropiezos y arañazos de las ramas a su paso, consigue llegar a lo alto de la montaña.
Asombrada de todo lo que observaba, se sentó en una piedra, desde allí podía contemplar tanto el cielo con un azul intenso, como la inmensa ladera llena de colores de primavera.
Elena, que nunca había visto tanta belleza, se le saltaron dos lágrimas, que fueron posarse en la tierra, sorprendida, ve como dos ramas salen de donde sus lágrimas se posaran
Elena no entendía nada de lo que pasaba, se limitó a observar y esperar ver, que era aquello que con tanta fuerza se asomaba a la luz del día.
Era la tierra agradecida, por su visita inesperada, y le obsequiaba dos hermosas flores blancas, que salían de las ramas.
Nunca nadie había ido a la cima visitar a la montaña, nadie había subido, contemplar lo que la naturaleza nos regala…
Ese fue el regalo al esfuerzo de Elena por llegar a lo más alto de la montaña.
Loedar.

De luz a luz

Seguirte amando a pesar de las tormentas
Seguirte amando a pesar de haberte olvidado
Seguirte amando a pesar de los infortunios
Seguirte amando a pesar de ignorarme
Seguirte amando a pesar de la sombra oscura
Porque toda tú eres Luz…
Luz que te envío a raudales…
Luz que solo el amor de una madre lleva.
Esa Luz que un día te di al nacer…
Esa Luz que durante años solo tú poseías
Esa Luz que tantos días me regalabas…
Con tus sueños, tú alegría y solo tú y tu Luz.
Esa Luz volverá llenar tu corazón…
Esa Luz que solo tú sabes encender en mi corazón.
De Luz a Luz volveremos ser una sola a Luz.
Autora: Loedar
Autora de la foto: Adriana Madrid

La sombra

Como cada noche baje al café de la esquina, entré y ya había comenzado la tertulia, como de costumbre me acompañaba una buena taza de café, observando y escuchando nada atrajo mi atención.
Me tome el café a pequeños sorbos disfrutando del sabor y el aroma que penetraba en mi cuerpo haciéndome sentir el mayor de los placeres.
Hoy no pensaba participar en la tertulia, con lo cual tome mis últimos sorbos y me dispuse a marchar.
Era noche cerrada, las farolas daban poca luz, mismo parecía una noche de los años cuarenta cuando alumbraban con candiles a medio gas.
Me dirigí a mi casa, a escasos cien metros, de pronto sentí como que no estaba sola, algo se movía a mi compás, por el rabillo del ojo vi una sombra que jugaba a esconderse entre árbol y árbol de la estrecha acera, me produjo cierta inquietud y apresuré el paso, la sombra seguía el mismo compás que mis pisadas marcaban.
Llegué al portal intentando abrir la puerta apresuradamente, con lo las llaves se caen al suelo, me agacho a recogerlas, sintiendo un gran escalofrío en la nuca, cojo las llaves y abro la puerta lo más rápido posible, mi cuerpo temblando como una batidora de miedo, mis piernas fallaban como si de goma fueran.
Conseguí abrir la puerta y sin mirar atrás cerré de un portazo, creo le di con tanta fuerza que note como sonaba todo el edificio.
Una vez cerré la puerta y sin dejar de temblar, subí a mi casa y miré medió escondida tras los cristales, a hurtadillas, quería descubrir que o quien era aquella sombra, pero ya no veía nada, tan solo la noche jugando con las sombras de árboles y mobiliario urbano. aún dudosa de lo que había visto, me volví asomar tras los cristales, quería saber si la sombra seguía fuera, o todo fuera una broma de la noche jugando con luces y sombras.
La calle estaba en calma, nadie andaba por la calle a aquellas horas.
me dirigí a mi cuarto, me metí en cama, y cogí el libro que tenía en la mesilla de noche, me dispuse a leer y olvidarme de ese momento extraño que acababa de vivir, seguro que todo sería efecto de mi imaginación.
Loedar.

El búho

BUHO-3

El búho es un ave rapaz nocturna con unas características muy especiales. Sus ojos no pueden girar por sí mismos como ocurre en el ser humando y en la mayoría de animales, pueden mover su cabeza en un ángulo de 270º considerándose uno de los únicos animales que poseen esta habilidad. Al ser aves nocturnas han conseguido desarrollar su parte auditiva y visual pudiendo captar hasta la más mínima perturbación en el silencio.
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