¡Los hijos olvidaran!

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Los hijos olvidarán…
El tiempo es muy extraño,
hace lo que le da la gana.
Te observa astuto e indiferente,
se marcha cuando le suplicas que se quede
y se queda inmóvil cuando le pides por favor, que se vaya.
A veces te muerde las entrañas,
o te araña cuando difuminas un beso al aire.
El tiempo, poco a poco, me liberará de la fatiga de tener hijos pequeños.
De las noches sin dormir y de los días sin reposo.
De esas manos que sin parar me agarran,
se suben y se bajan de mi regazo,
me abrazan, y me buscan sin descanso,
del peso que llena mis brazos y dobla mi espalda,
de las voces que me llaman y no permiten esperas…
El tiempo me devolverá el vacío,
las llamadas sin respuesta,
el miedo a la soledad.
Aligerará el peso de la responsabilidad que a veces me oprime el pecho.
El tiempo, enfriará mi cama, hoy cálida de su presencia.
Los ojos de mis hijos
ya no desbordan el amor mágico
que desprenden sus miradas.
Sacará de sus labios mi nombre gritado,
llorado y pronunciado mil veces al día.
Poco a poco o de repente,
se terminará el roce de su piel con la mía,
la confianza que nos hace únicos.
Acostumbrados a mezclar nuestros estados de ánimo,
el espacio, el aire que respiramos.
Llegarán a separarnos para siempre…
las diferencias… los malentendidos…
Como un río sobre su cauce,
con el tiempo perderán la confianza que sus ojos tienen en mí,
ya no veran la madre capaz de parar el viento,
calmar sus penas, su dolor…
Arreglar lo inarreglable
y sanar lo insanable.
Dejarán de pedirme ayuda,
porque ya no verán en mí,
la madre que lo podía con todo.
No querrán parecerse demasiado a mí,
aunque sean iguales.
Dejarán de preferir mi compañía y querrán otras más…
¡esto tiene que suceder!
Se desvanecerán las caricias,
las rabietas, el amor y el miedo.
Ya no se escuchará el eco de las risas,
de las canciones,
y los “había una vez”
terminaran de resonar en la oscuridad.
Con el pasar del tiempo,
mis hijos descubrirán que tengo muchos defectos y…
si tengo suerte, me perdonarán alguno.
Sabio y cínico, el tiempo traerá consigo el olvido.
Olvidarán… aunque yo no lo haré,
las cosquillas, los “corre corre”
los besos y los llantos que de repente paran con un abrazo.
Los viajes y los juegos,
las caminatas y la fiebre alta.
Las tartas de cumpleaños,
las caricias mientras les dormía susurrando una canción.
Mis hijos olvidarán que les he amamantado,
acunado durante horas,
llevado en brazos y de la mano.
Que les he dado de comer y consolado,
levantado después de cien caídas.
Olvidarán que han dormido sobre mi pecho de día y de noche,
que hubo un tiempo en que me han necesitado tanto,
como el aire que respiran.
Olvidarán, porque esto es lo que hacen los hijos,
porque esto es lo que el tiempo elige.
Y yo, yo tendré que aprender a recordarlo todo,
con ternura y sin arrepentimiento,
y que el tiempo, astuto e indiferente,
sea amable con esta madre que no quiere olvidar.
Loedar.

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