Sofía quería soñar

Sofía quería soñar
Un hermoso día de otoño, Sofía se puso su vestido blanco con el que había vivido el mejor momento de su vida, el día que se casó con Mario.
Salió al campo que tenía delante de su casa, no había peligro, lo conocía con los ojos cerrados, allí pasó su infancia corriendo y jugando…
Había un muro que cerraba sus tierras, se sentó en el alto del muro admirando aquel campo dotado de tanta hermosura y su mente se suspendió en el aire soñando…
Aun se conservaba el árbol de las hojas rojas, ese que tanto le gustaba, a pesar que estaba perdiendo sus hojas, su belleza se apreciaba igualmente.
Encendió el candil, no porque oscureciera la noche, le gustaba ver las formas que dibujaba la luz jugando con la luna.
Corría un suave viento que hacia jugar las hojas revoloteando alrededor de Sofía, llegaron unas hermosos pájaros para cobijarse de la noche, los últimos ciervos se dejaban ver bajo el árbol.
Se dejó llevar por sus recuerdos y la paz de aquel lugar tan especial para ella. Soñaba con ser una princesa, como la de los cuentos de hadas, se quedaría dormida eternamente hasta que un bello príncipe la salvara del hechizo de una bruja malvada.
Quería soñar porque su vida real la llenaba de tristeza y añoranzas… hacia tan solo una semana que su amado Mario se había marchado a un largo viaje, del que nunca sabía si regresaría, ya que eran muchos los riesgos que corrían.
Mario era médico, le gustaba ayudar en los lugares de la tierra más desfavorecidos, cada año al llegar el otoño, cogía su maletín, un pequeño cargamento de víveres y medicinas, porque no les dejaban llevar mucho más, si llevaban más de lo estipulado, corría el riesgo de que le requisaran todo.
Eses lugares eran peligrosos, llenos de mafias y guerrilleros, les robaban la comida que llevaban a los pobres niños desnutridos, las medicinas que malamente les dejaban sin requisar, eso era muy importante para Mario, sin esos alimentos y medicamentos, no podría salvar las vidas de unos pocos, ya que era muy difícil llegar a todos.
Mario y su equipo  escondían como podían toda la mercancía, pero siempre dejaban algo fácil de ver, ya que sino revolverían todo, con el riesgo de que se lo llevaran y no les dejaran nada.
Este año era algo más especial, pues llevaban dinero para construir un hospital, eso les asustaba bastante, les hacía sentir miedo, sabían que si las guerrillas olfateaban ese dinero se quedarían sin nada y su proyecto no podría sacarlo adelante.
Lograron pasar los controles, con cierto nerviosismo y alegría interna.
Se encaminaron a recorrer los caminos con un jet y un camión más viejo que su abuela, pero lo que por allí se usaba, no había modernidades, solo pobreza y mucha riqueza para los poderosos, unos poderosos que lo tenían todo, y querían más, la gente de los poblados les temían, porque cuando se enfurecían mataban sin importarles si era niño o anciano, los despojaban de lo poco que poseían y les prendían fuego a sus cabañas.
Fue un largo viaje hasta llegar a su destino, por caminos llenos de fango y maleza, era un mundo donde no se conocían las carreteras.
Una vez instalados, al día siguiente comenzaron por revisar a la gente del lugar, medicarlos, vacunar a los niños y repartir la poca comida que habían podido llevar.
La gente del lugar que nada tenían, para ellos eso era un regalo del cielo…
Para Mario y su gente era lo más gratificante de su vida, ver aquellas sonrisas de los niños y el agradecimiento en los ojos de toda aquella gente.
Sofía no viajaba con Mario, él le decía que era muy peligroso para un hombre pero mucho más para las mujeres.
Ella lo amaba así como era, por su bondad y anhelo de ayudar a la gente.
Sofía siempre quedaba con miedo de no volverle a ver, y se refugiaba en sus sueños esperando su vuelta.
Por eso cada atardecer, se encaminaba al campo para soñar, añorando  verle avanzar por el sendero que llevaba a su casa, y la despertara del embrujo con un beso que la hiciera temblar de pasión por tenerle de nuevo entre sus brazos.

Loedar.

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